¿Has intentado cambiar de dieta varias veces, pero no te dura ni una semana?
¿Empiezas el día bien, pero luego acabas picando algo que no debieras?
¿Tienes la motivación, el libro o curso o recetario, los ingredientes… pero luego se te hace un mundo ponerlo en práctica en tu día a día?
¿Crees que te falta motivación o que no eres capaz o que esto no debe de ser para ti…?
Tengo buenas noticias para ti: tal vez no hayas puesto el foco en “el origen de todos los males” ¡tu cocina!
¿Por qué puede ser tan increíblemente difícil seguir una dieta?
Muchas veces nos empecinamos en hacer una dieta, porque creemos que mejorará nuestra salud o para adelgazar o porque el médico nos lo ha recomendado… pero nos parece “misión imposible”.
Realmente, cambiar de dieta implica un cambio en muchos factores de nuestra vida:
- En nuestra rutina
- En nuestros gustos
- En la forma de cocinar (tal vez también el tiempo que le dedicamos)
- En los ingredientes, luego, en las compras (y quizás también en el presupuesto)
- En nuestras costumbres sociales (por ejemplo, en cenas con amigos o incluso un simple café o una cervecita…)
En fin, si has pasado por esto, ya sabes de lo que te estoy hablando. Todos estos cambios DE GOLPE son muchos cambios que asumir y, además, teniendo en cuenta que la recompensa, la mayoría de las veces, no es inmediata.
Entonces, ¿dónde agarrarse para seguir adelante sin desesperar?
Sin embargo, hay un “pequeño detalle” que puede facilitarnos mucho la vida a la hora de implementar una lista de cambios tan larga en nuestra vida cotidiana.
Imagino que, si has leído el título de este artículo, ya tienes la respuesta en la cabeza: sí, ¡revisando nuestra cocina!
Pero, ¿qué significa, a la práctica, y en qué puede ayudarnos “revisar nuestra cocina”?
Te lo explico en tres pasos:
- Abrir todos los cajones, armarios, despensas y SACAR todos aquellos elementos que nos juegan en contra. Esto va, desde un paquete de galletas que no entra en el plan de dieta, pasando por la freidora, por ejemplo, si los fritos tampoco forman parte del plan y acabando por el bol que utilizo para las palomitas de cuando veo una película en el sofá. Te estoy poniendo estos ejemplos genéricos, para que te des cuenta de que no se trata sólo de vaciar tu despensa de ingredientes que ya no te interesan, sino también de aquellas herramientas u objetos que te recuerdan ciertos hábitos que quieres dejar.
- AÑADIR (o poner a mano) todos aquellos ingredientes y cacharros que sí formen parte de nuestro plan de cambio. Esto incluye tanto comprar ingredientes nuevos, como recuperar esa vaporera que no usamos y darle un lugar prioritario en nuestra cocina o la licuadora de zumos…
- Hacernos el cambio ATRACTIVO Y FACIL. Este punto es tan o más importante que los demás. En lo que respecta a los hábitos, muchas veces es más eficaz ser creativo que productivo. Por ejemplo, queremos dejar el café. Busca un «sustituto de ese hábito» que te guste, por ejemplo, una infusión o un roibos. Además, cómprate una taza bonita o una tetera atractiva que te dé ganas de tomarte esa infusión, aunque sólo sea por tener entre las manos esos objetos que seducen tu vista.
Y lo mismo serviría para toda la cocina, poner los ingredientes en tarros de cristal y bien ordenados nos puede dar más ganas de cocinar, (además que nos ahorraremos los tóxicos que el plástico va dejando en nuestra comida). Abrir un cajón con unos cuchillos que corten bien y que sean fáciles de encontrar, nos facilita la tarea de cortar las verduras… Y así podría darte muchos ejemplos.
La clave aquí es que encuentres cuáles son tus puntos más débiles y los refuerces al máximo.
¿Lo que más te cuesta es prepararte un licuado? Pon la licuadora bien a mano, cómprate un cepillo para que limpiarla sea fácil, asegúrate de tener un vaso que te guste para el zumo.
¿Lo que te cuesta es organizarte los menús? Hazte un organigrama y cuélgalo en un sitio bien visible. Practica el batchcooking o cualquier otra técnica que te facilite la organización de tu menú semanal…
En definitiva busca TUS HERRAMIENTAS PALANCA.
Motivación positiva / negativa
En definitiva, cuando nos enfrentamos a un cambio de hábitos, podemos motivarnos de diferentes maneras:
FACILITÁNDONOS el camino hacia el nuevo hábito o
DIFICULTÁNDONOS el regreso al viejo hábito
Por eso, si lo que quieres es dejar el café, es tan importante comprarse una tacita bonita para tu nuevo hábito de tomar infusión (motivación positiva), como deshacerte (o dejar en el altillo) la cafetera (motivación negativa).
Y si lo que te estás preguntando ahora es ¿cómo lo hago si convivo con más gente que van a seguir usando la freidora o la cafetera…? Pues bien, esto daría para otro artículo, pero te diré que puedes seguir usando las mismas herramientas, delimitando bien “tu territorio de acción” y, ¡quien sabe!, a lo mejor hasta podéis llegar a lugares de encuentro con las personas con las que convives y cocinar platos compatibles con tu dieta y perfectamente válidos para los demás (o a lo mejor añadiendo alguna cosita diferente).
Eso sí, si crees que, aún así, necesitarías un apoyo, sabes que siempre puedes contar conmigo, te lo pongo muy fácil, clica aquí para inscribirte en mi lista de espera y ser de los primeros en enterarte cuando proponga un nuevo grupo. ¡Hay ediciones y plazas limitadas!
En cualquier caso, espero que tu viaje de reinventarte sea una aventura llena de sorpresas enriquecedoras.




