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El desorden aspiracional

Seguramente te imaginarás que los objetos que más apego generan son aquellos que nos recuerdan a alguien, ¿verdad?

Pues, contrariamente a lo que se suele pensar, la tendencia es que los objetos de los que más cuesta desapegarse son aquellos que nos evocan identidades soñadas, posibilidades por alcanzar en un momento futuro o, incluso, en un momento del pasado que tenemos la esperanza de que vuelva.

Ejemplos: ropa que nos poníamos cuando teníamos dos tallas menos y que guardamos con la esperanza de adelgazar, esa guitarra que «queremos aprender a tocar» pero que nunca nos ponemos a ello o esas acuarelas o material de costura, o esa librería llena de libros «super-interesantes» que querríamos leer algún día, pero que, de momento, sólo acumulan polvo…

Ya ves por donde voy, ¿no?

Pero, ¿qué hacer con ellos?

Aquí viene el meollo de la cuestión. ¿Hay que deshacerse de todos esos objetos porque no los hemos usado en… 1 año, tal vez 2 años… o 5 incluso años?!

Mira, aquí la clave no está en cuánto tiempo hace que no los usas, la clave está en si «realmente» vas a usarlos algún día. Y digo «realmente» porque puede que sí, que en este momento no vayas a adelgazar, o a aprender a tocar la guitarra, a pintar o a leer, porque acabas de tener un hijo o porque estás en un pico de trabajo… en fin, pon la razón que sea. No se trata tanto de tiempo, sino de honestidad contigo misma.

Así que, antes de deshacerte o no de un objeto aspiracional, lo que te propongo es que te plantees estas simples (pero profundas) preguntas y te respondas CON HONESTIDAD:

  1. ¿Este objeto representa mi vida real o mi vida idealizada?
    • Esta es la pregunta central.
    • Porque muchas veces el hogar está lleno de:
      • proyectos no vividos,
      • talentos imaginados,
      • expectativas heredadas.
  2. ¿Quién quería ser cuando guardé o compré esto?
    • Muy reveladora.
    • Ayuda a identificar:
      • mandatos familiares,
      • presión social,
      • versiones antiguas de uno mismo.
  3. ¿Sigo deseando eso genuinamente o solo me cuesta renunciar a la idea?
    • Aquí aparece la diferencia entre:
      • deseo auténtico,
      • fantasía identitaria.
  4. ¿Este objeto me inspira… o me reprocha?
    • Pregunta extremadamente potente porque muchos objetos aspiracionales generan microculpas diaria. Revisa si tu discurso interno al mirar ese objeto empieza por:
      • «debería», «tendría que»…
    • Un objeto inspirador da energía («me encantaría», «me apasiona»…).
    • Un objeto culpabilizante, nos drena por dentro.
  5. Si hoy no lo tuviera delante, ¿lo volvería a incorporar a mi vida?
    • Excelente filtro de claridad
  6. ¿Estoy guardando el objeto… o la posibilidad?
    • Porque, a veces, el objeto es sólo un contenedor simbólico de:
      • esperanza
      • juventud
      • potencial
      • validación
  7. ¿Qué emoción aparece si imagino dejarlo ir?
    • Si dejo de lado el apego puro y duro, la emoción que hay detrás revela el verdadero vínculo:
      • alivio
      • tristeza
      • miedo
      • vergüenza
      • libertad
      • duelo
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Si ponemos el ejemplo de un juego de pinceles, nos desharíamos de ellos si descubrimos que pintar siempre fue un sueño de mi padre, de mi madre o de alguien que me marcó en la infancia. Que, en realidad, nunca fue un deseo genuinamente mío y que, además, si soy sincera, yo no me hubiera comprado un juego de pintura porque no es algo que realmente me apasione. Además, cada vez que «saco el polvo a los pinceles» más que motivarme a pintar, me recuerdan, como un reproche, lo poco que me dedico a ello (si es que le dedico algo de tiempo). Y me hacen sentir culpable. En el fondo sé que muy difícilmente volveré a usarlos.

¿Cuándo quedarse con el objeto aspiracional?

No todos los objetos aspiracionales deben irse.

Puede quedarse si:

  • todavía conecta con un deseo vivo,
  • tiene un lugar real en la vida actual,
  • genera entusiasmo genuino,
  • existe una intención concreta y sostenible.

Así, en el ejemplo de los pinceles, nos quedaríamos con ellos si lo que descubrimos es que, en realidad, siempre me apasionó pintar y sigue apasionándome. Porque me conecta con algo muy real e íntimo en mí misma y que, simplemente, no le dedico tiempo porque he priorizado otras cosas, tal vez más urgentes, pero menos importantes. Pensar en volver a usar los pinceles me hace sentir más yo misma. Sé que, más tarde o más temprano, volveré a usarlos.

La diferencia está en pasar de:

«Algún día debería…»

a:

«Elijo conscientemente mantener esto porque sí tiene sentido para mí hoy.»

Un ejercicio muy útil

Crear 3 categorías:

  1. Aspiración viva: objetos ligados a proyectos realmente activos.
  2. Aspiración dormida: todavía hay interés, pero requiere revisión o límites.
  3. Aspiración caduda: Representan una identidad que ya no existe o que nunca fue auténtica.

Esta clasificación suele producir muchísima claridad emocional.

Y no sólo porque así ya sabes de qué deshacerte, qué dejar «en lista de espera» y qué poner a mano, para no olvidarte de priorizarlo en tu vida. Sino porque redistribuyendo estos objetos en el lugar que se merecen en tu casa, también es más fácil que «el yo que representan» ocupe el lugar que se merece en tu vida.

Porque el orden profundo no consiste solo en quitar objetos.
Consiste en alinear el espacio con la vida real. ¿Te apetece probar?

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