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¿Cómo liberar emociones con un imán?

¿De verad se pueden liberar las emociones atrapadas en nuestro cuerpo con un simple imán?
¿Cómo puede ser? ¿Qué lógica tiene esto?
¿Qué tienen que ver las emociones con el magnetismo?

¿Quién es Bradley Nelson?

Bradley Nelson trabajaba como quiropráctico cuando se dio cuenta que, a pesar de que la mayoría de problemas físicos respondían a un cierto tipo de manipulaciones y a un cierto número de veces que se repetía esa manipulación, en algunos pacientes, no había manera de quitar el problema.

Poco a poco, empezó a investigar y a preguntar a sus pacientes, sentía que se le estaba escapando alguna pieza clave del problema… y ¡bingo! Se dio cuenta que ese «eslabón perdido» eran las emociones que no habían sido procesadas por el paciente. El problema físico, persistía en el paciente, como resultado directo de esa vibración específica que emitía esa emoción que había quedado literalmente «prisionera» en los tejidos u órganos del paciente.

Pero entonces, ¿cómo saber cuándo una emoción puede quedar encapsulada en alguna parte de nuestro cuerpo?

Sencillo, cuando somos invadidos por alguna situación que nos provoca cualquier tipo de emoción (tanto agradable como desagradable), si decidimos encarnar esa emoción, vivirla, darle espacio, tiempo, escucharla, sentirla y llorar, reír, respirar, gritar, golpear un cojín… o lo que sea que nos provoque esa emoción, todo va bien. La emoción es como un río cargadito de agua, si intentamos parar esa corriente con ramas, piedras o lo que sea, la corriente seguirá ahí, empujando contra lo que sea que le hayamos puesto delante. Sin embargo, si lo dejamos fluir, acabará por encontrar el mejor camino para llegar al mar y desaparecer.

Por eso, sentir nuestras emociones no es el problema, el problema viene, precisamente, cuando no nos dejamos sentirlas. Puede ser por vergüenza, orgullo, cobardía, inconsciencia o incluso saturación, ya que a veces nos viene un torbellino de emociones juntas y es fácil dejarse algunas en el tintero.

La paradoja aquí es que «A lo que te resistes, persiste», como dijo Jung.

¿Y el imán qué tiene que ver en todo esto?

Acabamos de ver que, al resistirse o reprimir ciertos pensamientos, emociones o situaciones, estos tienden a seguir afectando a la persona de manera persistente hasta que se les enfrente y se trabaje con ellos conscientemente.

Pues bien, en la liberación emocional con imanes, primero iremos a buscar cuál o cuáles son las emociones que podemos liberar en ese momento concreto. Una vez localizadas, se le pide al paciente que reviva por un momento esa emoción que quedó bloqueada y es ahí, justo cuando la persona está reproduciendo el esquema neuronal preciso que se quedó bloqueado con esa emoción, que pasamos el imán por el eje central del sistema nervioso, haciendo saltar ese flujo energético bloqueado, gracias a la influencia del campo magnético del imán.

Así de simple, limpio, fácil, indoloro y rápido.

Finalmente se comprueba si la emoción ha quedado bien liberada (a veces hace falta insistir con el imán) y punto, eso es todo.

Espero que te haya quedado más o menos claro el proceso, si te interesa probarlo, aquí puedes obtener más información e incluso reservarme cita.