¿Por qué los campos magnéticos naturales son necesarios para la vida mientras que los artificiales son nocivos?
¿Qué parte de nuestra salud se ve afectada por esta contaminación electromagnética artificial?
¿Por qué no oímos hablar más de ello con la cantidad de aparatos eléctricos que nos rodean las 24 horas del día?
¿Hay alguna forma de protegerse de los campos electromagnéticos artificiales? Créeme, si estás leyendo esto desde tu móvil u ordenador ESTE POST TE INTERESA.
¿Qué es un campo electro magnético?
Imagínate un lago en calma. Si miramos ese lago desde arriba, vemos que genera unos pequeños círculos concéntricos que van des del centro hacia sus orillas.
Es una imagen bastante relajante y armónica, ¿verdad?
Ahora imagina que abrimos un grifo de agua en un punto de esa orilla. Esos círculos concéntricos quedarán perturbados en ese punto de la orilla donde cae el chorro de agua.
Ahora imagina que abrimos tres grifos, cinco, diez… cada vez que añadimos un grifo, los círculos concéntricos del principio se diluyen más y más, hasta dejar una imagen que ya no guarda la armonía de la del principio.
Pues bien, ahora imagina que alrededor de tu cuerpo hay un campo magnético que emite unas ondas concéntricas y armónicas hacia a fuera y a tu alrededor los bordes de tu campo magnético se ven perturbados por diferentes fuentes de ondas electromagnéticas externas que interactúan contigo, como puede ser tu móvil, tu ordenador, tu televisor, tu microondas o tu secador de pelo.
Como en el ejemplo del lago, la armonía de tu campo electromagnético se ve perturbada en las áreas donde interfiere con el campo electromagnético de cualquier aparato eléctrico.
La primera vez que entendí lo que era un campo magnético y qué relación tenía con la electricidad, lo visualicé de esta forma:
Si el campo magnético fuera una red de carreteras, los electrones serían los coches.
Por eso se suele hablar de campo electro-magnético. En esa sola palabra, la electricidad y el magnetismo van de la mano, pero no son lo mismo.
Un polo positivo y uno negativo generan un campo magnético y abren esa red de carreteras.
La tierra, por ejemplo, tiene, entre su polo positivo y su polo negativo, un campo magnético que la rodea, con una forma que se parece a una manzana. Los polos se situarían en los huequitos de la manzana.
Si hiciéramos una foto de esa “manzana”, o sea, del campo magnético de la Tierra y pudiéramos tomar también una foto del campo magnético de cualquier ser vivo terrestre (planta o animal), nos daríamos cuenta de que todos somos iguales, sólo cambiamos en tamaño.
En el caso de los humanos, los huequitos de la manzana coincidirían con nuestra coronilla, en un polo y con nuestro perineo, en el otro. Y su amplitud sería más o menos la de nuestros brazos abiertos en cruz.
En los más de 200.000 años que el ser humano lleva sobre la tierra hemos convivido e interactuado con todos estos campos magnéticos naturales, necesarios para la vida.
De hecho, en los años 80, los médicos de la NASA se dieron cuenta de que los astronautas presentaban ciertos desequilibrios, precisamente por haber pasado meses fuera de la influencia del campo magnético terrestre.
Por eso, a día de hoy, se sabe que el campo magnético de la tierra es necesario y tiene una influencia vital para todos los seres vivos que viven en ella. Además, nos protege del Sol, ya que, sin él, estaríamos fritos y la vida, tal como la conocemos, no sería posible. La pregunta ahora es, si los campos electromagnéticos naturales son un elemento clave para la vida, pero…
¿Qué influencia tiene sobre nosotros la contaminación electromagnética?
Nosotros somos seres bioeléctricos. Entre nuestras células no hay cables, pero su forma de comunicarse es el intercambio electrones.
El medio a través del cual se produce este intercambio es el agua.
El agua rodea nuestras células. Podríamos imaginar que nuestras células son como pececillos nadando en el mar, pero, en la mayor parte de nuestro cuerpo, esto no es exactamente así. La mayoría del agua de nuestro cuerpo no está en estado líquido está en un estado un poco particular: entre líquido y sólido. Es como si fuera un gel. Y ese “agua en gel” que rodea y protege a nuestras células, es el medio en el que se realizan los intercambios de electrones en nuestro cuerpo.
Volviendo a la imagen del lago, los campos magnéticos naturales sería como tener un “lago con sus círculos concéntricos en armonía”. Un lago en el que los “pececillos de nuestras células” intercambien sus electrones con facilidad y sin interferencias.
Por eso, los seres vivos no somos impermeables a todas las influencias electromagnéticas externas. Y más teniendo en cuenta que están en nuestras vidas: 24 horas al día, 365 días al año. Además, algunos de estos campos electromagnéticos son realmente potentes, como el de los cables de alta tensión, o el de los hornos de microondas. Y otros los llevamos peligrosamente cerca del cuerpo o de nuestro cerebro, como es el caso de los móviles o de los cascos bluetooth. Pensar que porque “no noto nada” estas influencias no nos hacen nada, es no conocer a nuestro cuerpo. Nuestro cuerpo está diseñado para compensar cualquier desequilibrio, interno o externo, para poder seguir adelante lo mejor posible. Pero eso no quiere decir que nuestra salud no pague un precio por ello.
¿Por qué no hemos oído hablar más de ello?
Un científico dijo “cuando no encuentres evidencia científica para justificar algo, busca la evidencia económica” y es que los factores que invisibilizan este problema van por ese tipo de cauces…
1. El funcionamiento de nuestro sistema sanitario actual, ya que, ante un problema de salud, se pone el énfasis en apagar el fuego antes que en encontrar al pirómano. Así, si vamos al médico porque tenemos un dolor de cabeza persistente, es más fácil que salgamos con una receta de paracetamol en nuestra mano, a que se nos pregunte si dormimos al lado de aparatos electrónicos enchufados y se nos sugiera apagarlos durante un tiempo, a ver si el dolor de cabeza persiste.
2. La falta de control por parte de nuestras autoridades. Y es que, bajo el parapeto de que: “no existe evidencia científica” lo que se esconde es que no se han hecho estudios suficientes para estar seguros al cien por cien de que realmente no pasa nada. Una forma más honesta de decirlo sería: “No lo sabemos porque no lo hemos estudiado lo suficiente”.
3. Porque no interesa hacer más estudios sobre este tema. Los estudios científicos cuestan dinero y normalmente ese dinero lo ponen las empresas que están interesadas en beneficiarse económicamente de ellos. Así, si se pretende sacar un medicamento a la venta, se harán estudios para demostrar la eficacia de ese medicamento, pero, ¿quién va a estar interesado en demostrar que las ondas electromagnéticas artificiales nos perjudican? Nadie. De hecho, si este tipo de estudios se llevaran a cabo y sacaran a la luz sus efectos nocivos, ciertas empresas muy poderosas tendrían serios problemas. En definitiva, nuestro cuerpo depende de señales eléctricas. Los campos electromagnéticos artificiales de cierta potencia que conviven con nosotros día tras día, crean interferencias en nuestro campo electromagnético natural y, a corto o largo plazo, pueden llegar a provocarnos diversos y serios problemas de salud.
¿Qué podemos hacer para evitar este tipo de contaminación?
Hoy en día hay arquitectos especializados en minimizar al máximo la contaminación electromagnética tanto dentro de las casas como la que nos llega desde fuera. Eso es lo ideal, pero, de momento, te voy a dar varias soluciones fáciles de aplicar desde hoy mismo y en tu propia casa:
1. Desenchufa tus aparatos eléctricos, cuando no los utilices. Y digo “desenchufar” no apagar, ya que muchos aparatos actualmente tienen un modo “reposo” en el que siguen emitiendo un campo electromagnético a su alrededor aun cuando están apagados. Pon especial atención en desenchufar las pantallas de televisión, los microondas, ordenadores, móviles y el wifi. Hazlo siempre que puedas, pero, sobre todo, por la noche.
2. Aléjate el móvil del cuerpo todo lo que puedas y todo el tiempo que puedas, especialmente mientras duermas. Deja tu móvil en algún lugar de la casa que te sea cómodo, pero que no esté cerca de tu cabeza cuando trabajas o cuando duermes. Mete tu móvil en el bolso, a ser posible en el lugar de tu bolso más alejado de tu cuerpo, cuando vas por la calle.
3. Desconecta todos los emisores de señales del teléfono mientras no los utilices: bluetooth, wifi, geolocalización, incluso radio… además de evitar intromisiones electromagnéticas inútiles a tu alrededor, te ahorrará mucha batería.
No te confundas, ¡no pretendo que a partir de ahora sólo toques tu móvil con un palo ni que te deshagas de tu ordenador! Lo que más influencia tiene sobre nuestro organismo es lo que hacemos la mayoría del tiempo. No es lo mismo coger el móvil un momento para escribir un mensaje, que llevarlo en el bolsillo de atrás del pantalón 8 horas al día. O dejar conectada la señal de Wifi todas las noches a pocos metros de donde dormimos que conectarlo sólo mientras necesitamos internet en casa.
No se trata de vivir con miedo, ni de privarse de nada, sólo de poner consciencia al precio que pagamos por una sobre exposición a los campos electromagnéticos artificiales que nos rodean y limitarlos, por amor y respeto a nuestra propia biología, a lo mínimo imprescindible.
Si te apetece profundizar y hacer algo respecto este y otros tipos de factores que polucionan las casas de hoy en día, te puedes apuntar aquí a la lista de espera para «Libera tu casa, libera tu corazón» y te avisaré en cuanto saque la próxima edición.
Que sepas que el biomagnetismo trabaja con el campo electromagnético que se genera entre dos imanes. Es una técnica que sirve, esencialmente, para regular el PH de nuestro cuerpo. Tener un PH equilibrado, facilita ese intercambio de electrones entre nuestras células, tan necesario para todos nuestros procesos vitales.
¿Quieres saber más sobre biomagnetismo y cómo sanarse con un par de imanes? Puedes seguir informándote o adquirir nuestro kit de imanes con sus correspondientes guías de uso aquí. En este kit, no sólo obtendrás imanes terapéuticos para aplicar directamente sobre tu cuerpo, sino también imanes para magnetizar tu agua, una técnica sencillísima, baratísima y que mejora tu salud de forma natural e inocua. Piensa que el agua de manantial viene naturalmente magnetizada por ese gran imán que es la Tierra.
Por último quería decirte que hoy en día hay tantas personas afectadas por lo que llamamos «electro sensibilidad», que han surgido diferentes filtros de ondas electromagnéticas que podemos tener en casa o incluso llevar con nosotros, para protegernos. Puedes clicar aquí y aquí, para ver dos tipos de filtros electromagnéticos diferentes. Personalmente yo utilizo el del segundo enlace, pero si decides probarlos, tanto uno como otro, por favor, explícame tu experiencia para tener más criterios y poder ayudar mejor a hacer de nuestro entorno el lugar en equilibrio y armonía que todos merecemos.





