¿Te has pegado un palizón y ahora tienes miedo que, en dos respiraciones, todo vuelva a estar patas arriba?
Mucha gente que ha entrado en mis diferentes casas a lo largo de mi vida se han admirado de lo ordenada que soy y no pueden creer que me dé tiempo a tener la casa “siempre a punto”. Algunos sugieren que a ellos no les gusta pasar tanto tiempo ordenando y limpiando, que les da pereza, que tienen otras cosas que hacer, etc, etc…
Yo creo que la mayoría de estas personas me visualizan armada con un par de guantes, pañuelo en la cabeza y flush-flush en mano, ¡dispuesta a sacarle brillo a todo lo que se mueva!
¡Vamos que mis amigos me ven como una super heroína de la casa!
Pues siento decepcionaros, pero no hay nada más lejos de la realidad. De hecho, no me gustan nada los “zafarranchos de combate” y es precisamente por eso por lo que mi casa está siempre ordenada y “correctamente” limpia. Sin obsesiones, por un lado, ni abandono, por el otro.
Pero, ¿cómo puede ser esto posible?
Pues porque para evitar los “zafarranchos de combate” yo lo que hago son “micro-zafarranchos” tan sumamente pequeños, que a penas me suponen esfuerzo.
Es decir, si se me cae una patata frita al suelo, la recojo en el momento, porque si esa misma patata se convierte en mil trocitos de patata cuesta mucho más de recoger. Te pongo este ejemplo tan concreto porque me sirve de metáfora (no muy poética, lo reconozco) de la clave más importante de todas: cuando dejas para más tarde un pequeño caos, tiene todos los números de convertirse en un caos más grande cuando vuelvas a mirarlo.
Si, en vez de colgar el abrigo al llegar a casa, lo dejas tirado en el sofá, puede que lo siguiente sea el bolso y una bolsa con compra y las cartas del buzón… total que cuando vayas a sentarte para descansar, primero tendrás que deshacerte de ese «pequeño caos».
Si, en vez de guardar las tijeras después de usarlas, las dejas en el primer lugar que te queda a mano, puede que cuando vayas a buscarlas, te requiera mucho más tiempo y esfuerzo que el que te hubiera costado abrir el cajón y volverlas a dejar en su sitio.
Si, en vez de fregar los platos después de comer, los dejas acumularse en el fregadero, puede que cuando vayas a fregarlos te cueste más, o que cuando vayas a cocinar necesites esa sartén que está justo debajo de todos los platos sucios…
En fin, la lista de ejemplos es infinita, pero la moraleja es siempre la misma: si de verdad no te gusta pegarte un palizón limpiando y ordenando toda la casa (como es mi caso), límpiala y ordénala a medida que la vayas ensuciando y desordenando.
Desde luego, llegará un día en el que te tocará limpiar las ventanas o revisar los papeles porque tal vez hay algunos que ya no te sirven… en fin, que “de vez en cuando” sí que serán necesarios “zafarranchos de combate” puntuales. Pero nada tendrán que ver con un caos generalizado en el que sientes que hay “tantos fuegos que apagar” que no sabes ni por dónde empezar. Dicho esto, a continuación te doy 4 claves para que estos “mini-zafarranchos” se te hagan más llevaderos:
Cuatro claves para mantener el orden en casa
- Establece rutinas: esta clave es necesaria sobre todo para aquellas personas que no tienen bien afinado el “termostato de armonía”, es decir, las personas que, sin darse cuenta, pasan de tener una casa ordenada a una leonera, y no lo ven llegar, hasta que es demasiado tarde. Si este es tu caso, te sufiero que te hagas un horario acorde con el nivel de orden de cada parte de tu casa. Por ejemplo, no se desordena con la misma velocidad la cocina (sobre todo si eres un “cocinitas”), que el pasillo o el recibidor. O, si en el salón de tu casa hay mucho movimiento, también puede ser un lugar especialmente caótico. Así, puedes marcarte en tu agenda ordenar la cocina cada noche, el comedor, cada tres días y echarle un ojo al pasillo o al recibidor una vez por semana, por ejemplo. Si eres de las personas que tiene un buen “termostato de armonía”, como es mi caso, esto será más fácil para ti, porque te pasearás por la casa y verás un papel fuera de lugar y, casi sin darte cuenta, ya lo estarás llevando a su sitio. O verás el fregadero sucio y en un momento le pasarás el trapo y lo dejarás como los chorros del oro. Lo bueno de entrenar este “termostato de armonía” es que ordenar y limpiar se convierten en gestos intuitivos que prácticamente no te llevan ningún esfuerzo mental ni físico. La buena noticia es que SE PUEDE ENTRENAR, sólo tienes que empezar a tener la casa más limpia y ordenada y poco a poco tu termostato irá subiendo de temperatura sin siquiera ser consciente de ello.
- Mantén un número de objetos coherente con tu tiempo y dedicación. Si eres alguien a quien le encanta coleccionar o tiene mucho tiempo para ello, ¡adelante! ¡ten un museo de libros, figuritas, ropa o monedas del imperio romano! Te lo pasarás bomba ordenándolos, sacándoles el polvo y admirando tu colección. Sin embargo, si no eres de este estilo de persona, te recomiendo que reduzcas tus objetos, ropa, libros, etc, hasta que encuentres el número que te hace sentir que no “pierdes el control” de todo lo que tienes. Recuerda: las cosas que tienes, te tienen.
- “Organicitis” o almacenamiento inteligente, es decir, no te reprimas para hacerte con todo tipo de cestitas, carpetas clasificadoras, perchas, cajas o cajoneras… todo lo que te facilite tener un lugar para cada cosa y todo ordenado con lógica. No te estoy diciendo que te vuelvas loco comprando cajas sin ton ni son, sino que mires lo que tienes y te plantees un método de orden que te convenga. Una vez tengas la estrategia en la cabeza, hazte con todo lo que te haga falta para que, guardar un papel o colgar una camisa, sean tareas fáciles y apetecibles. Porque no es lo mismo sacar una percha medio rota de un armario abarrotado e intentar colgar algo con dignidad, que tener una percha sólida y a la medida de cada prenda, en un armario despejado. Como no es lo mismo buscar un papel en una carpeta con clasificadores en los que hemos indicado las categorías (banco, identidad, teléfono…) y subcategorías (hipoteca, cuentas o pasaportes, fotos de carnet o fijo e internet, móviles…), que intentar buscarlo en un cajón lleno de papeles “oficiales”. ¿Me pillas? Sí, esto te llevará una hora de sacar humo por las orejas, hasta dar con el buen sistema, el que TE FUNCIONE A TI, pero ¡la de minutos, horas y disgustos que te sacarás de encima bien lo vale!
- Revisión y adaptación: revisa y adapta tu casa de vez en cuando porque la vida cambia y tu casa se ha de adaptar a ello y no al revés. Es decir, que, si antes no tenías perro y ahora tienes un cachorro, tendrás que proteger ciertas zonas susceptibles de acabar mordidas, meadas o arañadas, mientras educas a tu cachorro. Eso, si no quieres pagarlas con él, que no tiene ninguna culpa de que no hayas protegido con una funda consistente tu sofá blanco de 2000€… por ejemplo. Estas revisiones te sirven también para deshacerte de todo aquello que ya no usas o ya no va contigo, antes de que tu casa se convierta en un cementerio de objetos… o una leonera.
Y si, aun así, te parece demasiado complicado, no dudes en contar conmigo. Clica aquí, yo estaré encantada de motivarte y de darte todas las herramientas a mi alcance para hacer de ti un super héroe de tu casa, sin morir en el intento… jejeje…




